Hay algunos que todavía piensan que los libros son caros, y tienen en su casa libros que no leen, que ya leyeron, y que no leerán. Ellos deberían ser los primeros en ir este sábado al MUSEO COLONIAL SAN FRANCISCO, en pleno centro de Santiago, donde recibirán 2 libros GRATIS por cada ejemplar que entreguen.
Así es gracias a una singular actividad organizada por La Biblioteca Libre, que consiste en dejar libros en plazas y parques para que los transeúntes se los lleven, con el compromiso de que los entreguen a otras personas después de leerlos. La idea es que cada lector informe en la web dónde dejó el libro, para así completar un simpático mapa con el itinerario de cada título.
Es una ingeniosa forma de acceder a LIBROS GRATUITOS. Hay otras. Ya las descubrirán.
Más info en www.labibliotecalibre.cl y en Lee Chile Lee.
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miércoles, 31 de julio de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
¿Cómo entusiasmar a leer a un adulto no lector?
Si usted quiere incentivar a una persona ya adulta a leer, está claro que no puede recomendarle, de buenas a primeras, un libro de la envergadura de Ana Karenina, de León Tolstoi. Y es que por mucho que le haya gustado la película, el lector novato no tendrá la paciencia de descifrar las complejidades de una trama que se extiende por al menos 800 páginas. Y no es un asunto de cantidad: tal extensión requiere habilidades de lectura que se desarrollan con la experiencia de muchos libros. Es como trotar: a mayor ejercicio, mayor resistencia, y mayor disfrute con las tiradas largas.
Es por esto que para quien resuelve iniciarse en la lectura cuando los años han pasado, debe volver a los inicios, y sin sonrojarse, tomar textos de literatura infantil y juvenil. Y es que estos textos están escritos precisamente para personas con pocos años de experiencia en la lectura, sin necesidad de tratarlos como tontos ni de infantilizarlos. Al contrario: este género puede llevarnos a encontrar temas profundamente humanos, hábilmente tratados en historias y formatos que finalmente se comercializan como literatura infantil y juvenil.
Vamos a un ejemplo. "Papelucho", de Marcela Paz, es un libro de no más de 100 páginas que revela las páginas del diario de vida de un niño muy imaginativo. Un lector joven puede identificarse con el personaje, mientras que el lector viejo podrá reírse con las travesuras del protagonista y apreciar la simpática visión que el niño construye del mundo adulto, gracias a los numerosos guiños dejados por la autora.
¿Y si al lector adulto no le entusiasma leer historias en que siempre los protagonistas son niños? Hay alternativas: "La Luna Colorada", de Hernán del Solar, y "El hombre del sombrero de copa", del mismo autor, es ejemplo de una historia contada para un público de toda edad, desde una perspectiva adulta, sin perder la enorme capacidad de entretener que tiene nuestra querida literatura infantil y juvenil.
Ahí está la clave: la literatura infantil y juvenil está hecha para entretener. Habiendo libros de este género, podremos hacer leer a toda la familia, incluso a aquellos que hace años que no toman un texto en sus manos.
Es por esto que para quien resuelve iniciarse en la lectura cuando los años han pasado, debe volver a los inicios, y sin sonrojarse, tomar textos de literatura infantil y juvenil. Y es que estos textos están escritos precisamente para personas con pocos años de experiencia en la lectura, sin necesidad de tratarlos como tontos ni de infantilizarlos. Al contrario: este género puede llevarnos a encontrar temas profundamente humanos, hábilmente tratados en historias y formatos que finalmente se comercializan como literatura infantil y juvenil.
Vamos a un ejemplo. "Papelucho", de Marcela Paz, es un libro de no más de 100 páginas que revela las páginas del diario de vida de un niño muy imaginativo. Un lector joven puede identificarse con el personaje, mientras que el lector viejo podrá reírse con las travesuras del protagonista y apreciar la simpática visión que el niño construye del mundo adulto, gracias a los numerosos guiños dejados por la autora.
¿Y si al lector adulto no le entusiasma leer historias en que siempre los protagonistas son niños? Hay alternativas: "La Luna Colorada", de Hernán del Solar, y "El hombre del sombrero de copa", del mismo autor, es ejemplo de una historia contada para un público de toda edad, desde una perspectiva adulta, sin perder la enorme capacidad de entretener que tiene nuestra querida literatura infantil y juvenil.
Ahí está la clave: la literatura infantil y juvenil está hecha para entretener. Habiendo libros de este género, podremos hacer leer a toda la familia, incluso a aquellos que hace años que no toman un texto en sus manos.
jueves, 21 de marzo de 2013
¿Qué hacer para que mi hijo lea?
Esta es una queja que he escuchado a menudo. Me cuentan sus diarias luchas y sus fallidas estrategias para lograr que su retoño avance unas páginas en las lecturas obligatorias del colegio, y me piden que les recomiende textos para inculcar el hábito de leer. Pero sugerir títulos es como dar una receta médica: debe ser a la medida de cada uno. Si los libros son como fármacos para potenciar la inteligencia, una mala prescripción, o una sobredosis, puede ser letal. Por eso, los libros no se deben prescribir; más bien, uno debe salir a su encuentro.
En mis tiempos de niña (¡oh, tiempos gloriosos!) no nos hacían leer más de 3 libros al año en el colegio, pero tenía en mi dormitorio, desde tiempos inmemoriales, un estante con una pequeña colección de la Editorial Andrés Bello. Cuando estaba en segundo básico y ya leía con seguridad, agarré el título que más llamó mi atención: “Mujercitas”, de Louise May Alcott. Me conquistó desde su primera línea: - ¡Una Navidad sin regalos no es Navidad! - refunfuñó Jo… Fue tanto mi entusiasmo, que escribí un texto apócrifo (hoy perdido). Después quise continuar con “Hombrecitos”, pero como justo mi mamá lo estaba leyendo, agarré de nuevo “Mujercitas” para pasar el tiempo. Años después, en quinto básico, cuando tuve que dar prueba con nota de la lectura de este libro, lo había leído al menos cuatro veces.
¿Por qué tanto entusiasmo por Mujercitas? Bueno, yo era una niñita que dibujaba igual que Amy, que estaba leyendo igual que Jo, que gozaba escuchando las conversaciones de las cuatro hermanas, que participaba en sus juegos y en sus conflictos, y podía ser una más entre ellas. La magia del libro operó conmigo, porque de alguna forma, era el libro que yo estaba esperando.
No a todos les gusta “Mujercitas”, pero eso no significa que la magia no pueda operar. Pasó con don Luis: él es un hombre rudo, que no terminó el colegio, y que desde niño trabaja la tierra con sus manos. A sus cincuenta y tantos años, su mayor entretención es seguir las carreras de caballos por radio o por TV cable. Ama los caballos. Tanto, que quedó prendado con la portada del libro que estaba leyendo su hijo -un profesional ya titulado-, por la ilustración de dos hermosos fina sangre en pleno galope. Se trataba de “La muerte juega a ganador”, de Ramón Díaz Eterovic, cuyo relato recorre caballerizas, hipódromos y apuestas, con el fin de dilucidar la extraña muerte de un jinete. Antes, don Luis había leído “Azabache”, de Anna Sewell, y “Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez. Ahora, con “La muerte juega a ganador”, don Luis volvió a ser un entusiasta lector.
No es extraño que una persona sin hábitos de lectura pueda sentirse fascinada por un libro. A todos nos sucedió alguna vez, la primera vez. Y es que los libros no son solo una sucesión de letras, sino que mundos, universos que se arman en la mente del lector que recoge un contenido y lo pasea por su mente. Pero uno no viaja con cualquier texto: así como don Luis agarró vuelo con los temas ecuestres, otros lo harán con el fútbol, la aviación, la moda a través del tiempo, los ovnis o los cupcakes. Para cada tema hay un cuento, una novela o una enciclopedia, y para cada texto, un lector.
Si los padres quieren que sus hijos lean, no pueden limitarse a la lista de libros “estándar” que entregan en el colegio. Primero piensen: ¿Qué temas de verdad motivan a mi hijo/a? Encontrada la respuesta, busquen, pero busquen con ganas, sin quejarse del tiempo ni del espacio. No se limiten a los libros: las revistas, los folletos y hasta los papeles sueltos también operan la magia. Y no obliguen al niño a leer. Los textos tienen que estar ahí, guiñándole el ojo. El futuro lector sabrá cuándo concertar un encuentro.
Un botón de muestra que de todo hay en la viña de los libros:
Para adolescentes futboleros:
“Anecdotario del fútbol chileno”, Juan Cristóbal Guarello, Ediciones B.
http://www.feriachilenadellibro.cl/index.php/anecdotario-del-futbol-chileno.html
“Atlas ilustrado del fútbol”, varios autores, Editorial Susaeta
http://www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=131298
Niños pegados a los videojuegos:
“1001 videojuegos a los que hay jugar antes de morir”, Tony Mott.
http://www.feriachilenadellibro.cl/index.php/1001-videojuegos-a-los-que-hay-jugar-antes-de-morir.html
Nota: No tienes porqué comprar los libros que yo recomiendo. Son solo un ejemplo. Busca, busca, busca. Tu instinto te guiará. Y si tu hijo le tira el libro por la cabeza, no te preocupes. El libro que no le gustó a los 8 años podría ser su favorito a los 12.
Por último, tips para empezar a leer con niños pequeños:
http://www.colorincolorado.org/familias/hogar/divertidas/
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